Mi corazón oprimido
siente junto a la alborada
el dolor de sus amores
y
el sueño de las distancias.
La luz de la aurora lleva
semillero de
nostalgias
y la tristeza sin ojos
de la médula del alma.
La gran tumba
de la noche
su negro velo levanta
para ocultar con el día
la inmensa
cumbre estrellada.
¡Qué haré yo sobre estos campos
cogiendo nidos y
ramas,
rodeado de la aurora
y llena de noche el alma!
¡Qué haré si
tienes tus ojos
muertos a las luces claras
y no ha de sentir mi
carne
el calor de tus miradas!
¿Por qué te perdí por siempre
en
aquella tarde clara?
Hoy mi pecho está reseco
como una estrella apagada.
Federico García Lorca
Este poema ha sido seleccionado para este blog por: Cristina Coca González
Muy bien Cristina, buen trabajo!!!
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